5.24.2010

SOLEDAD

Taaaannn... mientras la última campanada resonaba en el ambiente y sin saber porqué me giré hacia el camino y lo vi alejarse, solo, con paso apurado, el paraguas clavándose en sus hombros formando un invisible escudo y pensé: "es la viva imagen de la soledad".

El día era lluvioso y frío, incluso demasiado para esta época del año. El jardín lucía triste y desmadejado. Quien debía estar engalanado con su mejor atrezzo para la ocasión, simulaba una escena de otoño aunque realmente estábamos en primavera... o no? Acaso pretendía ser fiel reflejo del ocaso de aquella relación? Su segundo cumpleaños en aquella situación, y él volvía a esa casa que dolorosamente le recordaba los tiempos felices en que formaban una familia.

Papá ya no dormía en casa y lo echaba terriblemente de menos y quería y odiaba a mamá en la misma proporción, ella tenía la culpa de lo que había pasado y también estaba la otra, la nueva... ja-más-la-que-rrí-a-co-no-cer. Qué difícil es hacer entender a una niña el complicado mundo de los sentimientos de los adultos, incluso a alguien tan brillante como ella.

Celebraba su cumpleaños y los quería allí a ambos, simulando, disimulando que eran la familia que habían dejado de ser. Por ella estaban dispuestos a firmar una tregua y a aparcar su dolor en zona azul, porque por encima de sus desencuentros estaban sus pequeñas.

Pronto las risas de los niños lo inundaron todo, apagando el sonido producido por las gotas de lluvia que golpeaban con fuerza contra aquello que encontraban a su paso. El olor a medias noches con chorizo, sandwiches de jamón y queso, la tarta de chocolate, la mejor tarta de chocolate del mundo... ese olor, mezcla de todos los olores, enterró el de la tierra mojada y me transportó a mis 7, 8, 9 años... no habían cambiado demasiado las cosas, salvo por la música. Parchís y Enrique y Ana se habían hecho mayores, como nosotros.

Entre juegos, carcajadas y bailes descordinados pasó la tarde, y sin apenas darnos cuenta, el reloj empezó a tocar, taaaannn, taaaannn, los padres de sus amigos llegarían de un momento a otro, taaaannn, taaaannn, ella apuraba los minutos hasta el ultimo segundo, su risa todavía sonaba veraz, taaaannn, taaaannn, de repente se paró en seco, clavó los piés en el suelo, esos piés que segundos antes danzaban burlones al compás de la música, y buscó su mirada, giró la cabeza primero a un lado, luego a otro, y un halo de tristeza cubrió lentamente sus ojos.

No estaba, se había marchado sin despedirse, sin darle un beso... Taaaannn y en ese momento se dió cuenta de que todo volvía a ser como antes... y que para cenicienta la fiesta había terminado.

Algún día comprenderá porqué el no fué capaz de despedirse y en ese tiempo derramará las lágrimas de rabia que ayer se guardó en el pozo de su dolor.

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