6.13.2010

TE LO DEBÍA

Siento sobre mi cabeza los efectos del jet lag. Acabo de regresar de un viaje a ninguna parte, capital de un país muy lejano del que jamás había oído hablar.
Me encuentro desorientada.

Cogí un vuelo hasta allí, cuando llegué ya me estabas esperando. Paseamos juntos mientras charlamos, como amigos que somos. Compartimos ese instante que yo anhelaba. Después, al finalizar, cogimos un vuelo de regreso a nuestra nueva realidad. Ambos salimos desde la misma terminal, pero por puertas diferentes. Tengo la sensación de haberme despedido de tí, no se si para siempre, pero si que al menos hasta luego.

Nuestro viaje de hoy de alguna forma ha modificado el paisaje de mi vida.

Te lo debía, y con el afilado cuchillo de la sinceridad (no toda, siempre dejo algo por si hay una próxima vez) abrí mi alma para desgranar unos sentimientos que me carcomían por dentro, que estaban intoxicando mi mente de una forma que hasta ahora jamás había imaginado.

Necesitaré tiempo para curar la herida abierta. Se que esta cicatriz me acompañará toda mi existencia.

La vida te va arrancando a tus amigos poco a poco, uno a uno..., y yo al menos no los voy sustituyendo por otros; por lo que de alguna forma siento como si con los años mi corazón se esté poblando de agujeros minúsculos que nadie vendrá a cerrar jamás. Cada hueco representa a un amigo perdido, abandonado involuntariamente a un lado de la carretera de nuestra existencia... vía que solo tiene un sentido de circulación, el de ida. Por cada espacio vacío se cuela un viento frío, gélido, que va ganando espacio y velocidad frente a la calidez de la pieza bruta, pulida, frente al calor antaño generado por el corazón compacto y límpido, como el de un recién nacido.

Querido amigo, te echaré de menos. Nunca me acostumbraré a tu ausencia. No tengo la seguridad de si seguiré aquí eternamente, pero si algún día vuelves, te estaré esperando.

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