8.16.2010

SU AUTOBIOGRAFÍA

Mientras esperaba el tren en la estación y calculaba de un vistazo rápido el mejor sitio para posicionarme intentando adivinar exactamente delante de qué baldosa se abriría la puerta, ya que aquello estaba demasiado lleno de gente resacosa y a) no me apetecía ni lo más mínimo esperar en la cola, y b) mucho menos pelearme con ellos para entrar antes, me fijé en ella: unos 18 años, morena, voluptuosa, descarada, ni guapa ni fea, ni alta ni baja, y muy, pero que muy escotada y chillona, pelo largo suelto, sujetador negro visiblemente pequeño, camiseta blanca ajustadísima , uñas comidas y más bien despintadas de lo que en algún momento fué un llamativo color rosa fucsia... inevitable reparar en su presencia.

Quiso el azar que fuera sentada en mi mismo vagón y nuevamente, por encima del tracatracatra del tren, su voz necesitada de atención constante lo inundó todo. Iba acompañada por 3 amigos. A ellos todo les "sudaba la polla" y a ella la mayor parte de las cosas le "quemaban el conejo" (esta expresión debe de estar de moda porque es la segunda vez que la oigo en pocos días).

Si hay quien nos advierte de los riesgos de dar demasiados datos sobre nuestras vidas en las redes sociales, ella, en el corto trayecto de tren entre el punto de origen y nuestro destino, nos describió una pormenorizada autobiografía. Perdí la cuenta de con cuantos "tíos" se había "liado", aunque sí me quedó claro que con todos lo había hecho porque estaba borracha. Me preocupé por ella, demasiada pechuga al aire, demasiada voz en grito, demasiados tíos para lo joven que era... entre ambas no solo había 1 asiento de distancia sino también unos 18 años de separación. Se debatía entre la femme fatale que luchaba por hacerse paso por delante de la niña que todavía queda con su mejor amiga para comprar chuches, las mismas que producen ese brillo especial en los ojos de mi bebé de 2 años y medio pasados; mismas chuches y otros 18 años de distancia entre ellas...

En la comida familiar celebrada horas antes, una de mis cuñadas, fantástica madre, se preguntaba angustiada después de haber visto la noche anterior a hordas de jóvenes y jóvenas* correrse una juerga como si fuera la última de su vida o si el mundo se acabase hoy mismo, lo que pasaría con sus maraBillosas hijas preadolescentes el día que empezaran a salir de noche, tiempo, que siendo conscientes como somos los que acariciamos la cuarentena, que no corre sino vuela, llegará más pronto que tarde, para su deseseperación.

Mi protagonista, (se llama Rosa, otro dato más, si el trayecto hubiera durado el doble os puedo garantizar que tendría como mínimo para vosotros apellidos y DNI y con esto en google habriamos podido descubrir el resto si nos interesara...), seguía gritando a los 4 vientos que si a fulanito le hizo un chupetón y luego le pidió otro, que si el amigo de nosequién le preguntó si se liaría con él... y yo no podía dejar de pensar en la angustiada madre de unas horas antes...

En un momento dado la conversación dió un giro inesperado : todos pudimos enterarnos que tenía 19 años y que su padre no había estado en su graduación. Eso me tranquilizó, mal de males había terminado COU y con suerte estaba planteándose que hacer con su futuro, más allá de calentar a todos los chavales de su zona de influencia... y que él no había estado con ella jamás. Su amigo le increpaba que su padre trabajaba en el turno de noche y ella contratacaba diciendo que el resto del día se lo pasaba jugando a las maquinitas tragaperras y durmiendo y que aún por encima había acusado a su madre de maltratarlo ya que en el informe forense él había alegado... no lo reproduzco por la dureza de sus palabras, pero demasiado traumática debió ser la experiencia acumulada durante esos 19 años de silencio, a juzgar por el dolor expresado a "sus más íntimos".

Entonces, me di cuenta de que casi siempre existe detrás una historia similar, una familia desestrucurada, por lo que ella no debe preocuparse, sus hijas tienen unos padres maraBillosos y serán lo que tengan que ser.

Eso sí, por su bien que nunca nadie vaya sentado 1 fila por detrás y 18 años por delante en un tren, una calurosa tarde de verano...

Acompaño el texto con esta imágen fresca, tierna y delicada para contrarrestar la dureza con la que Rosa se está tratando a sí misma en estos años de ¿dulce? juventud.


* Lo se lo se, la expresión es linguísticamente incorrecta, pero me encanta! Fué pronunciada por primera vez por Carmen Romero en un mitin del PSOE.


Imágen: Maxwell The New York Times

No hay comentarios :

Publicar un comentario