10.27.2010

EL NIETO

A veces la vida permite que se cruce en tu camino gente maraBillosa, personas especiales que hacen que existir sea más fácil, mucho más amable. Vivimos rodeados de esos seres mágicos, nuestra habilidad debe consistir en descubrirlos para sacarles el disfraz de gente normal y permitir que su genialidad oculta se funda con nosotros.
Pues bien, por suerte para mí el destino no para de enviarme gente así, como el caballero que ha escrito este texto tierno y cargado de muchas sensaciones, delicado, absolutamente delicado.
Con su permiso y desde su anonimato lo comparto, aquí y ahora con vosotros.
Gracias, gracias por haberme permitido compartir tu mundo desde el momento en que nos conocimos. Desde la distancia, y aunque sea tarde en el tiempo, te envío mi capa protectora y cálida de la amistad para que te reconforte en esos momentos íntimos que tú intuyes de soledad. Pero recuerda: no estás solo, nunca estamos solos, siempre existe alguien a quien le importa cada lágrima derramada.

"El nieto llegó con múltiples sensaciones; muchas de ellas previsibles, por supuesto, pero otras inesperadas, desconcertantes. Finalizaba el domingo y todo el personal abandonó la casa. Cuando lo subieron al coche, el nieto (seguramente agotado por el trajín de colos y carantoñas) agarró un berrinche. Traté de consolarlo con una de las bromas con las que pretendo hacerme un lugar en su subconsciente:
- "Tu te llevas a todo el mundo -le dije- y lloras, y yo que me quedo solo aquí no suelto ni una lágrima".
Luego, en la casa solitaria, reorganicé los espacios y mi talante, para los últimos días de vacaciones. Clasifiqué en la buhardilla las notas y los acordes de las próximas canciones, afiné la guitarra para el lunes... y recordé un recado de ella: "Retira la ropa de la lavadora, en cuanto acabe, sino después no hay quien la planche".
Me dispuse a la tarea.
En la ría ya había anochecido, solo las luces de algun barco se distinguían en la oscuridad; en el sendero próximo sonaban a veces los apagados pasos de los ancianos, los agitados pasos de los adolescentes, y entonces, tendiendo las diminutas ropas del nieto sufrí un sorperesivo e incontenible ataque de llanto.
¿La ternura acumulada durante años y a la que, en cierto modo, simempre me he negado? En todo caso no me opuse. Aunque un poco asustado, me fui vaciando en lágrimas, mientras sujetaba con pinzas pañales, baberos, amorosísimas camisetas.
Llegó el nieto, querida Lila&Cloe, repleto de sensaciones para mi.
Amo a este niño sin condiciones ni límites.

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