11.12.2010

112... PIIIII... PIIII...

Me parece que ya os dije en otro post que no creo en las casualidades, pero sí en el destino. El mío ultimamente me está enviando unas señales muy raras... hoy al mediodía fuí actriz principal de un suceso cuyo resultado fué fruto de un mal día de 2 protagonistas: el mío y el de mi interlocutor al otro lado de la línea... lo paradójico del asunto es que en el telediario de la noche, además de hablar de la muerte de Manuel Alexandre (RIP), de la liberación a estas horas de 21 de los 33 mineros atrapados en una ratonera en Chile y de la muerte de Antonio Puerta (ese señor que sacó de las tinieblas al profesor Neira...), también abrió la cabecera una noticia en la que informaban sobre un suceso acaecido en Roma esta semana: una mujer permaneció tirada en el suelo de una estación de metro durante más de 30 segundos, sin que ninguno de los viandantes que por allí pasaban se acercara a prestarle auxilio. Las cámaras lo grabaron todo (acordaos, vivimos en un permanete SHOW de TRUMAN) y el presentador del telediario se preguntaba atónito cómo nadie se había parado a ayudarla... pues bien, 24 horas antes yo también habría compartido su perplejidad e indignación, pero después de lo de hoy, quizás los entienda un poquito, "solo una miajita de ná".

Salía del trabajo, cansada no, lo siguiente, e iba con prisa, mucha prisa hacia mi casa, cuando observé de lejos a una señora postrada sobre un banco en una extraña postura, ni sentada ni acostada, mitad y mitad... me acerqué andando y al pasar a su altura observé que era de mediana edad, mal vestida, poca higiene personal y un olor fuerte... parecía que se había caído hacia un lado... tenía aspecto de que la vida no la había tratado muy bien y al mismo tiempo ella se había respetado poco a sí misma. Seguí andando... pero mi cabeza no dejaba de decirme, "Y si está mal de verdad? Por su aspecto le vas a negar auxilio?" Como iba apurada y ya había caminado un buen trecho, decidí avisar al 112 para que valoraran la situación y enviaran a alguien que se hiciera cargo de aquella bendita mujer.

Despues de unos pitidos que se me hicieron interminables (no porque la situación requiriera urgencia sino porque mucha gente llama al 112 en situaciones desesperadas y poniéndome en su lugar me puedo imaginar que cada pitido puede parecer eterno...) descolgó al otro lado de la línea una persona muy amable a la que expliqué la situación y el motivo de mi llamada. Me hizo unas preguntas y me mantuvo un rato en espera; pasados unos segundos otra voz me volvió a preguntar lo mismo; de nuevo y por segunda vez me tocó esperar unos segundos y de repente oí una voz masculina que me pidió que le relatara lo mismo por tercera vez. Entonces , sin pensarlo, irreflexivamente dije: "Si llego a saber esto no llamo". Se lió parda.

- "Oiga señorita, está usted hablando CON UN MÉDICO, no se si es la primera vez que llama, pero tiene Ud que contarme exactamente. bla, bla, bla... y si tanto le molesta volver a repetir, bla, bla, bla... " y no me acuerdo de más. El tono era exasperado e irritante así que lo dejé hablar y cuando acabó su interminable perorata mascullé:

- "Menudo gilipollas".

(Para leer la siguiente frase, ensayad vuestro más depurado acento argentino: Ché, Pibe, Pendeja, Vos no sabés...)

- Si, me salió. Qué querés que le haga!

Y el médico (si, es de esa gente que antes de hombre y persona es médico, qué le vamos a hacer!) me gritó en tono poco amigable:

- "QUÉ-HA-DI-CHO-USTEEED? Sepa que le va a caer una denuncia ahora mismo". PIPIPIIII y con la misma me colgó.

Ahora, pasadas unas horas y después de haber reflexionado, me arrepiento de haberle llamado simplemente gilipollas, se merecía algo más.

Y no, no pienso que toda la gente que está al otro lado de la línea del 112 sea así, y si, admito que yo no tenía el mejor día de mi vida, y que lo más prudente hubiera sido haberme dejado humillar por su mal humor y su mala educación que contestaron como un rayo a mi involuntaria provocación... pero salió la niña rebelde que llevaba tiempo dormida dentro de mí, que como exorcizada contestó en mi nombre.

Por eso os digo que entendí un poco, solo un poquito a aquella gente que simulaba no ver a nadie tendido en el suelo en una estación cualquiera de esa maraBillosa ciudad italiana..., aunque yo seguiré llamando al 112, seguiré preguntando a alguien que se cae si necesita ayuda, seguiré abriendo la puerta del ascensor a mis vecinos, ofreciendo mi ayuda a la gente mayor que se empeña en llevarse todo el supermercado de una tacada (serán secuelas de haber vivido una guerra, por eso siempre salen con provisiones, por si acaso?)... porque mis padres me han educado así. Y estoy convencida, sí, que es lo correcto.

2 comentarios :

  1. Anónimo13/11/10

    Una de las cosas a la que todavía no me acostumbro después de 15 años de "exilio" en este maravilloso país que me acogió con tan solo 19 años y en el que he labrado mi vida personal y profesional, es la agresividad y el mal humor del español. Ojo! no quiero levantar ampollas ni crear polémica. Mi madre es española, al igual que mi marido y mi hijo, y yo soy mezcla... un poco de allí y un poco de aquí. Pero lo que llevo encontrándome en la calle desde el primer día que puse un pie en tierras madrileñas (no quiero generalizar metiendo a todo el país en el mismo saco de antipatía) es agresividad en el trato desde el panadero, pasando por el taxista hasta el dependiente que en un momento de lapsus mental se cree que está regalando en lugar de vendiendo.

    Siempre me ha llamado la atención y me he preguntado por qué una cuidad que lo tiene todo (o casi todo) buen clima, excelente comida al alcance de todos, horarios bastante flexibles en comparación con otros comercios y oficinas de otras latitudes, etc-etc. está habitada por gente tan agresiva. Mi abuelo (español también) decía que tanta amargura era producto de la envidia... No lo se. Solo se que al igual que el autor del post, a pesar de tanta antipatía y agresividad, yo también seguiré sujetando puertas, diciendo buenos días aunque no me contesten y seguiré dedicando sonrisas, buenas maneras y educación a todo aquel que se cruce en mi camino.

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  2. como bien ha dicho LilAndCloe.. "porque mis padres me han educado así", estoy de acuerdo, creo que todo viene de la educación, pero no sólo la que no enseñan en nuestra familia sino también en el ámbito escolar e institucional.
    Y esta conciencia cívica, es decir el respecto, los derechos y también las obligaciones que tiene cada uno frente a la comunidad en la que vive, se adquiere con la educación. Quizás sea un concepto un poco olvidado hoy en día aquí, pero tan fundamental en nuestra sociedad moderna.

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