6.11.2011

NADIE SE ACORDARÁ DE NOSOTRAS...

... CUANDO HAYAMOS MUERTO. El sugerente y certero título de esta película de Agustín Díaz Yanes me ha venido a la cabeza en cuanto he empezado a ver las primera imágenes del TSUNAMI que ha arrasado Japón, y con ello los sueños y esperanzas de sus gentes.


Porque por duro y cruel que parezca, cuando se publique este post (3 meses después de que haya ocurrido, otro 11 M) a muchos de nosotros, afortunados que vivimos a muchísimas millas de distancia de la "zona cero", se nos habrá olvidado que un día, en una isla, el mar le partió para siempre al alma a sus habitantes, dejando cicatrices tan hondas y marcadas que harán que jamás puedan olvidar lo sucedido.


La parte positiva de la era de la tecnología: internet, twitter, facebook... es que las imágenes con las que hemos podido horrorizarnos y los textos leídos que hacen que nuestro vello se erice y de repente un halo helador nos rodee, son materializadas por los propios protagonistas en tiempo real, compartiendo su tragedia y valentía con nosotros, como la demostrada por esos voluntarios anónimos que como aguerridos espartanos en su particular batalla de las Termópilas se han dirigido sin vacilación a una muerte segura dentro de la central nuclear.

No somos invencibles, no estamos por encima de lo humano y lo divino, somos mortales, como los demás, y por ello, en cualquier momento, lugar y fecha podremos estar expuestos a la misma barbarie, ya sea ejecutada por las fuerzas de la naturaleza o por la estupidez y la sinrazón humana.


Por eso ahora, pasado el tiempo, os animo a reflexionar y recordar esas tragedias recientes: 11S, 11M, TSUNAMI EN JAPÓN, HURÁCÁN MITCH, KATRINA, HAITÍ... porque aunque algunas historias, las menos, hayan tenido un final feliz, habrá muchos corazones heridos que no dejarán de sufrir jamás.


Al menos recordándolos y enviándoles nuestro cariño, igual conseguimos reconfortarlos. Sabedlo, no estáis solos, estamos todos juntos. Y seguimos pensando en vosotros. Que los libros de historia perpetúen para siempre nuestro agradecimiento a esos anónimos que lucharon por nosotros, aún sin conocernos.

P.D. Sufrí viendo como hombres y mujeres de ojos rasgados reprimían su rabia y su dolor, tal y como les enseñaron a hacerlo desde pequeños, no juzgo, es otra cultura, pero creo que uno siempre debe permitir que la amargura se aleje de su alma, para poder seguir vagando en paz.

P.D. 2: El día que escribí este post tuve 3 visitas desde Japón ... por favor, cerrad vuestros iPAD, tablets y ordenadores y corred a abrazar a los que más os necesitan... un poco de cariño puede ser la mejor medicina para un alma mortalmente herida... creedme, sé de lo que estoy hablando...

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